El gran sablazo fiscal de Sánchez: un atraco silencioso en la nómina que asfixia a los españoles

Hacienda bate récords de recaudación exprimiendo a las clases medias y trabajadoras con la negativa a deflactar el IRPF
España29 de septiembre de 2026 Adriano Babieca

El Gobierno de Pedro Sánchez ha perfeccionado la maquinaria para meter la mano en el bolsillo de los contribuyentes sin que estos apenas lo perciban. Bajo el cínico lema "No es magia, son tus impuestos", el Ministerio de Hacienda ha desplegado una costosa campaña publicitaria que intenta convencer a los ciudadanos de las supuestas bondades del infierno fiscal español.

Sin embargo, los datos y la realidad de la calle desmontan este relato: nos encontramos ante un expolio histórico ejecutado a las espaldas de las familias y las pequeñas empresas.

Las cifras oficiales de recaudación hasta el mes de julio evidencian la magnitud de este sablazo. El Estado ha ingresado la escalofriante cifra de 200.826 millones de euros, lo que supone un brutal incremento de 18.472 millones respecto al mismo periodo del año anterior.

El gran protagonista de esta asfixia impositiva es el IRPF, que ya ha rebasado la barrera de los 100.000 millones de euros recaudados, aportando casi 10.000 millones adicionales en un solo año.

Progresividad en frío

Este hito no responde a un milagro de la economía productiva, sino a un aumento de impuestos encubierto. Al negarse sistemáticamente a deflactar la tarifa del IRPF para adaptarla a la inflación, el Ejecutivo aplica lo que se conoce como "progresividad en frío".

En la práctica, cualquier mínima subida salarial para compensar el coste de la vida empuja al trabajador a un tramo impositivo más alto, sufriendo un empobrecimiento silencioso y directo en su nómina.

Propaganda insultante

Mientras se exige este sacrificio implacable, la propaganda gubernamental resulta insultante. Los anuncios de Hacienda muestran a ciudadanas leyendo plácidamente en trayectos de tren y a bomberos salvando propiedades rurales. Una ensoñación que choca de bruces con la realidad: una red ferroviaria colapsada por retrasos y averías diarias, y unos damnificados por el volcán de La Palma que, años después de la catástrofe, siguen malviviendo en alojamientos provisionales sin recibir las ayudas prometidas.

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