El Estado recauda un récord histórico pero la deuda pública sigue sin bajar: 1,7 billones de euros y déficit del 2,2% del PIB

A pesar del disparo del 10,4% en ingresos tributarios en 2025, el Gobierno no logra reducir la deuda en términos absolutos, que marca máximo histórico
España01 de abril de 2026 J. Bird

La Agencia Tributaria cerró 2025 con una recaudación récord de 325.356 millones de euros, un 10,4% más que el año anterior. El IRPF subió un 10,1%, el IVA un 9,9% y el Impuesto de Sociedades un 8,1%. El empleo alcanzó los 22,5 millones de ocupados y el PIB creció un 2,8%, casi el doble que la media de la eurozona. Todo ello, sumado a una inflación moderada, ha permitido al Estado llenar las arcas como nunca.

Afán recaudatorio

Sin embargo, ese voraz afán recaudatorio no ha servido para reducir la deuda pública. Al cierre del ejercicio, la deuda se situó en 1.698.225 millones de euros, el nivel más alto de la serie histórica para un fin de año. En términos absolutos creció en 77.652 millones respecto a 2024. Solo la ratio sobre el PIB bajó un punto, hasta el 100,7%, gracias al tirón del crecimiento económico, pero la deuda sigue siendo un lastre que no se alivia.

El déficit público se cerró en el 2,18% del PIB (36.780 millones de euros), la cifra más baja desde 2008 y siete décimas menos que en 2024. Aun así, el superávit primario (sin intereses) apenas alcanzó los 3.534 millones.

La deuda absoluta no baja

El gasto no da tregua: las transferencias a la Seguridad Social superaron los 52.990 millones (+10,1%), para financiar pensiones, el Ingreso Mínimo Vital y el Pacto de Toledo. Las comunidades autónomas y la Administración Central siguen incurriendo en déficit, y el impacto de la Dana en Valencia quedó excluido de las cuentas oficiales por las reglas europeas.

El Gobierno celebra el “saneamiento sin recortes” y la rebaja del IRPF a rentas medias y bajas. Pero los datos desnudan la realidad: por mucho que recaude, el Estado gasta más de lo que ingresa. La deuda absoluta no baja y la factura de intereses sigue creciendo. El afán recaudatorio ha logrado maquillar ratios, pero no ha conseguido el objetivo real: reducir el endeudamiento que lastra a las futuras generaciones.

Mientras Bruselas exige disciplina, en Moncloa se venden los números como un éxito. La pregunta es clara: ¿hasta cuándo la recaudación récord servirá solo para financiar más gasto en lugar de atacar de raíz el problema de la deuda?

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