España, del huerto europeo al auge imparable de los cultivos subtropicales

La superficie de aguacate, mango y chirimoya orgánicos crece un 600% en diez años y ya representa casi un tercio de la producción nacional
Mundo Rural01 de abril de 2026 Javier Salinas

Los agricultores españoles coinciden en una transformación radical del campo nacional: España ha dejado de ser “la huerta de Europa” para convertirse en “el trópico del continente”. Así lo resume el último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y la entidad de certificación CAAE, que revela un crecimiento espectacular de los cultivos subtropicales ecológicos.

Según datos consolidados de la campaña 2025/2026, la superficie total de tropicales superará las 35.000 hectáreas. De ellas, más de 10.341 hectáreas ya están certificadas como ecológicas, lo que supone casi un tercio del total y un aumento del 600 % en la última década. El ritmo anual de expansión ronda el 15%, multiplicándose por siete las explotaciones orgánicas en quince años. En 2001 apenas existían 375 hectáreas; hoy se proyectan 24.000 hectáreas solo de aguacate y mango ecológicos para 2030.

Aguacate y mango

Andalucía lidera la revolución, seguida de la Comunidad Valenciana y Canarias. Alejandro Hevilla, responsable de subtropicales en CAAE, explica que “la demanda del consumidor europeo, cada vez más concienciado con la salud y el medio ambiente, es la palanca principal”. El aguacate y el mango españoles se han convertido en productos estrella en supermercados y restaurantes de toda Europa. “Llevan implícita la garantía de no tratarse con productos químicos de síntesis y respetan la biodiversidad y el uso responsable del agua”, añade.

Iñaki Hormaza, del Instituto La Mayora, subraya que España es el primer productor europeo de estas frutas, pero el 90 % del aguacate y mango consumido en la UE sigue llegando de terceros países. “No competimos en precio, sino en calidad y diferenciación ecológica”, afirma. El productor pionero Enrique Morales, con 100 hectáreas ecológicas en La Axarquía (Málaga), lo resume sin rodeos: “El consumidor centroeuropeo reclama producto libre de químicos y eso es lo que certifica más hectáreas cada año”.

Nuevo paradigma

Más allá de las cifras, el cambio refleja un nuevo paradigma: del monocultivo intensivo a prácticas sostenibles que preservan suelos, agua y empleo digno. Las cadenas de distribución europeas exigen cada vez más certificaciones ambientales y sociales, y el campo español responde con una velocidad inédita. Lo que empezó como un experimento hace 25 años se ha convertido en una de las historias de éxito más sólidas del agro nacional. España ya no solo exporta naranjas y tomates; ahora exporta también el futuro tropical de Europa.

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