
Indignación en la Guardia Civil con sus nuevos coches patrulla que no suben ni un bordillo
La renovación de la flota de la Guardia Civil, presentada como un impulso a la modernización y a la industria nacional, se ha topado con una realidad que provoca indignación entre los propios agentes: varios de los vehículos recién entregados no están preparados para las labores de patrulla para las que fueron adquiridos, y en algunos casos ni siquiera pueden superar un bordillo sin quedar encallados.
En vídeos difundidos por asociaciones profesionales y en redes, los guardias muestran cómo los SUV y turismos asignados se quedan atascados o no responden en caminos rurales y accesos complicados, lo que, según denuncian, obliga a improvisar rutas, retrasa intervenciones y pone en peligro la eficacia operativa del instituto armado.
Las críticas se centran en que muchos de los modelos elegidos —incluidos SUVs y furgonetas señaladas por su aparente enfoque urbano— no cuentan con distancia al suelo, suspensión o configuración adecuada para patrullar pistas forestales y terrenos accidentados, tareas habituales del SEPRONA y de puestos rurales de la Benemérita.
Graves carencias
Estas carencias contrastan, apuntan los agentes, con el coste y la propaganda alrededor de la adquisición, que se justificó en parte por el apoyo a la industria nacional y la modernización del parque móvil.
Organizaciones de guardias civiles y fuentes internas piden explicaciones y reclaman una revisión urgente de los criterios de compra y de la asignación de vehículos, para evitar que el “ahorro” o la decisión política se traduzcan en una pérdida de operatividad sobre el terreno. Además, recuerdan que una compra mal planificada no solo afecta al servicio sino que puede aumentar costes a largo plazo por reparaciones, sustituciones y horas de trabajo perdidas.
Desde despachos oficiales todavía no ha llegado —al menos públicamente— una respuesta convincente que explique por qué se eligieron modelos poco adecuados para la realidad del trabajo diario en muchos puestos de la Guardia Civil; la demanda de los agentes es clara: vehículos que cumplan con su función real, no solo con la etiqueta de “fabricado en España”.


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