
Los afines a Susana Díaz preparan su ofensiva tras las andaluzas contra Pedro Sánchez
A un día de las elecciones andaluzas, el PSOE vive un clima de máxima tensión interna. Los sectores afines a Susana Díaz, conocidos como susanistas, se preparan para capitalizar un previsible mal resultado de María Jesús Montero, candidata del PSOE-A y actual vicesecretaria general del partido, para reactivar las críticas contra el liderazgo de Pedro Sánchez.
Según fuentes consultadas por Vozpópuli, el equipo de Montero está convencido de que los susanistas “velan armas” a la espera del descalabro electoral del próximo domingo. Tras años de aparente hibernación, la expresidenta de la Junta de Andalucía ha reaparecido con mítines simbólicos en su barrio de Triana (Sevilla), reforzando su influencia en las federaciones provinciales. Mantiene un apoyo superior al 60% en provincias clave como Cádiz, Sevilla y Almería, y al menos un tercio en el conjunto de la comunidad.
Estrategia paciente
Los susanistas no planean una confrontación abierta. Su estrategia es paciente: utilizar el feudo andaluz como plataforma para un proyecto federal, sumando apoyos de barones territoriales como el asturiano Adrián Barbón y estableciendo contactos en Aragón.
El objetivo de Susana Díaz es posicionarse de cara al comité federal del 27 de junio, donde se evaluará el papel de Montero. Un resultado por debajo de las expectativas —incluso si Ferraz intenta vender 28-30 escaños como un “éxito”— podría forzar su relevo como número dos del partido.
Imposición de Juan Espadas
Esta tensión revive viejas heridas. Los susanistas no olvidan las controvertidas primarias andaluzas de 2021, donde Ferraz intervino activamente para imponer a Juan Espadas frente a Susana Díaz, con denuncias de censos inflados y presiones. Tampoco la fallida intentona de 2023, cuando Díaz buscó alianzas, como con José Luis Ábalos, para derrocar a Sánchez tras los malos resultados autonómicos y municipales.
Desde su actual posición como senadora territorial, Díaz mira directamente a Ferraz. No aspira a un rol directo en Andalucía, pero ya tiene seleccionado a un dirigente interpuesto para controlar el aparato regional. Su meta es clara: preparar el “postsanchismo” y recolocar sus fichas cuando el actual liderazgo se desgaste.
Mientras Moncloa gestiona las expectativas ante un posible retroceso histórico del PSOE-A respecto a los tiempos de Manuel Chaves o la propia Díaz (quien superó el 35% en 2012), el partido se asoma a un escenario de fracturas internas. El polvorín andaluz amenaza con explotar y condicionar el futuro inmediato de Pedro Sánchez al frente del PSOE.


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