
El Supremo cree que las Primarias de Pedro Sánchez fueron la semilla de la corrupción de Ábalos
En una sentencia demoledora del Tribunal Supremo, hecha pública este lunes, los magistrados han trazado el mapa exacto de la corrupción que ha marcado los años de Pedro Sánchez al frente del PSOE y del Gobierno. El origen no está en un descuido administrativo, sino en las mismísimas Primarias de 2017 con las que Sánchez recuperó el control del partido tras el golpe interno de 2016.
Según la resolución, durante los desplazamientos por España para promocionar la candidatura de Sánchez frente a Susana Díaz y Patxi López, José Luis Ábalos conoció a Koldo García en Navarra, recomendado por Santos Cerdán.
Aquel vínculo militante, lejos de ser una mera relación de camaradería socialista, se convirtió en la base de una organización criminal perfectamente estructurada. Ábalos, una vez nombrado secretario de Organización y luego ministro de Transportes, colocó a Koldo como su conductor, asesor personal y hombre de confianza. De ahí saltaron a los consejos de Puertos del Estado y Renfe, y a un rosario de contratos públicos.
Los jueces son meridianos: Ábalos, Koldo y el comisionista Víctor de Aldama formaron una trama con “reparto de funciones” para enriquecerse aprovechando el cargo público. Ábalos ha sido condenado a 24 años y tres meses de prisión, Koldo a 19 años y ocho meses, y Aldama a cuatro años y medio (pena suspendida por su colaboración). La sentencia detalla pagos mensuales, pisos pagados, alquileres de lujo en Marbella y La Alcaidesa, y favores a cambio de adjudicaciones, incluyendo el escándalo de las mascarillas.
Este fallo judicial es un torpedo en la línea de flotación del sanchismo. Demuestra que la llegada de Sánchez al poder no fue un triunfo de la “nueva política” o la regeneración, sino el comienzo de un sistema de lealtades personales, enchufismo y corrupción que ha permeado instituciones clave del Estado. Los mismos que vendían a Sánchez como salvador de la socialdemocracia española trajeron consigo una cultura de “amiguismo militante” que terminó en organización criminal.
Mientras Sánchez sigue al frente del Gobierno negando cualquier responsabilidad política, la Justicia ha certificado que su ascenso interno fue el germen de uno de los mayores casos de corrupción de la etapa democrática. El PSOE que tanto presume de moralidad superior arrastra ahora la condena del Supremo a uno de sus pesos pesados, con el dedo acusador apuntando directamente al núcleo duro que aupó —y mantiene— a Pedro Sánchez. Una advertencia seria para una democracia que no puede permitirse más experimentos personalistas a costa del interés general.


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