
Origen España alerta: sin relevo generacional el campo español se muere y con él nuestra soberanía alimentaria
La España rural se vacía y el campo agoniza por falta de relevo generacional. La Asociación Española de Denominaciones de Origen (Origen España) ha lanzado un claro aviso: sin medidas concretas y urgentes, el sector agroalimentario —uno de los pocos que todavía genera riqueza y arraigo en el interior— corre serio riesgo de desaparecer.
En un acto con jóvenes productores vinculados a DOP e IGP, la organización ha exigido ayudas específicas, formación especializada y, sobre todo, una drástica reducción de la carga burocrática que ahoga a agricultores y ganaderos. El presidente de Origen España, Ángel Pacheco, ha subrayado que el campo español se ha modernizado notablemente, genera valor añadido y ofrece un proyecto de vida digno lejos de las grandes ciudades, pero las trabas administrativas y la falta de apoyos reales lo están condenando.
Voces del campo que claman por supervivencia
Jéssica López, vicepresidenta del Consejo Regulador de la DOP Cabrales y quesera con 43 años, denunció que “la vida en el campo está muy infravalorada”. Defendió que fuera de las urbes existen oportunidades reales y gratificantes, y reivindicó la importancia de preservar los productos de calidad y la memoria de los antepasados frente a la comida ultraprocesada.
Por su parte, Teresa y Aina Tejedor, de la IGP Sobrasada de Mallorca, destacaron la necesidad de combinar el conocimiento tradicional con herramientas modernas de sostenibilidad, digitalización e innovación. Mientras, Estefanía Romero, de la DOP Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó, subrayó el papel clave de las denominaciones de origen como apoyo para los jóvenes, facilitando comercialización y acceso a subvenciones.
Un problema político de primera magnitud
El mensaje es claro: el relevo generacional no se improvisa con discursos vacíos ni con regulaciones verdes que solo complican la vida al campo. Se necesita menos papeleo, menos imposiciones ideológicas desde Bruselas y Madrid, y políticas valientes que prioricen la soberanía alimentaria y el mundo rural frente a la agenda globalista que castiga al sector primario.
Mientras el Gobierno de Sánchez sigue más preocupado por otras agendas, miles de explotaciones familiares se enfrentan al cierre por falta de sucesores. Si no se actúa ya con medidas concretas —ayudas directas, simplificación administrativa y un marco normativo sensato—, España perderá no solo empleos y riqueza, sino también parte de su identidad y su capacidad para alimentarse por sí misma.


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