
Argelino apaleado a conciencia tras intentar violar a una joven en Gijón
Mientras la izquierda y sus medios lamebotas se escandalizan porque un argelino ha recibido su merecida paliza, la verdadera noticia es que otro invasor ilegal ha vuelto a atacar a una joven española de madrugada. Y esta vez, por suerte, no se ha salido con la suya.
Según los hechos recogidos en El Comercio y difundidos por su cuenta oficial, el argelino abordó a la chica que volvía de fiesta, le robó el móvil con violencia y empezó a manosearla sin ningún tipo de escrúpulo. Lo que no contaban ni él ni los progres es que varios vecinos lo sorprendieron in fraganti y le dieron la paliza que se merecía.
Resultado: el agresor argelino acabó con lesiones graves en la cara y la cabeza, ingresado en el hospital y esperando a que lo metan en el calabozo. La Policía llegó tarde, como siempre, y ahora investiga… pero la justicia de verdad ya se había aplicado.
No es un suceso aislado
Esto no es un “suceso aislado”. Es el resultado previsible de años de fronteras abiertas, leyes de inmigración suicidas y un Gobierno que prefiere proteger a los delincuentes extranjeros antes que a las mujeres españolas. La cuestión desde esferas conservadoras es clara: ¿Cuántos argelinos, marroquíes y subsaharianos ilegales han pasado ya por España cometiendo violaciones, robos y agresiones? Decenas de miles. ¿Y cuántos han sido deportados? Respuesta: prácticamente ninguno.
Les dan papeles, subsidios y hasta abogados de oficio mientras nuestras hijas no pueden volver solas a casa de noche.
Ilegal que no cotiza
Este argelino apaleado es el ejemplo perfecto: entró ilegalmente, no cotiza, no aporta nada y solo trae violencia y degeneración. Y cuando por fin alguien le planta cara, los medios de izquierdas corren a titular “propinan paliza al argelino” como si el pobre inmigrante fuera la víctima.
La víctima es la joven agredida, y los héroes anónimos que le pararon los pies a ese salvaje merecen una medalla, no una investigación.
España ya está harta. Es hora de deportaciones masivas e inmediatas de toda esta gentuza ilegal y delincuente. Cero tolerancia. El que viene a delinquir, a violar o a vivir del cuento se va al mismo día en un avión de vuelta a su país.
Sin recursos, sin recursos judiciales y sin excusas multiculturales. Porque si no, lo que hoy ha sido una paliza merecida mañana será una violación consumada… o peor.
Si el Estado no protege a nuestras mujeres, la calle lo hará. Y si el Gobierno socialista y sus socios separatistas no empiezan a deportar ya a esta invasión criminal, el pueblo tomará cartas en el asunto.



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