
La vergüenza de Forestalia y la tragedia de Santander desnudan el caos mortal de la Transición Ecológica
Otra vez la ideología verde cobra víctimas inocentes. El colapso de la pasarela costera de El Bocal en Santander, que el pasado 3 de marzo segó la vida de seis jóvenes estudiantes de FP de entre 19 y 22 años, vuelve a poner en evidencia el absoluto fracaso del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ese departamento bandera de Pedro Sánchez que ha convertido en vicepresidencia su obsesión por la Agenda 2030.
Según las primeras investigaciones, los tornillos de la estructura estaban completamente oxidados y el mantenimiento brillaba por su ausencia. Una senda costera que debía proteger el litoral y servir a los ciudadanos se convirtió en trampa mortal. ¿Dónde estaba el Ministerio que presume de “proteger el medio ambiente”? Exacto: ocupado en repartir miles de millones en subvenciones a empresas renovables mientras las infraestructuras reales se pudren.
Forestalia
Y aquí entra Forestalia, la joya de la corona de la transición ecológica. Esta empresa aragonesa, especializada en macroparques eólicos, acumula escándalos de favoritismo político, pagos irregulares a ex altos cargos y presiones para acelerar proyectos que destrozan paisajes, matan aves y generan inestabilidad en la red eléctrica.
Precisamente cuando el Ministerio debería estar fiscalizando con mano de hierro la seguridad de nuestras costas y caminos, está ocupado en blindar a estas multinacionales verdes que viven de las subvenciones públicas.
La izquierda lo destroza
La vicepresidenta Sara Aagesen, heredera de la nefasta Teresa Ribera, sale ahora con comunicados vacíos diciendo que “no es momento de confrontación” y que “la jueza decidirá”. Y es el mismo manual de siempre: cuando la izquierda destroza algo, culpa a la Justicia o al cambio climático.
Mientras, miles de millones de euros de todos los españoles se evaporan en eólicas ineficientes que no dan ni la mitad de la energía que prometen, provocan apagones y destruyen empleo en sectores tradicionales.
Esto es el resultado lógico de una política suicida: desmantelar nuclear y gas, arruinar el campo con restricciones absurdas y regalar el dinero a amigos de lo verde. Los jóvenes de Santander pagaron con su vida esta locura. Y hoy, en redes sociales se hacen una sola pregunta: ¿Cuántos más tienen que morir para que Sánchez y su Gobierno de progres reconozcan que la Transición Ecológica no es salvación, sino un camino directo al desastre económico, energético y humano?
España necesita urgentemente un gobierno que ponga primero a los españoles, no a las banderas de Bruselas. Basta ya de subvenciones millonarias a empresas como Forestalia mientras se deja pudrir lo esencial. La derecha responsable debe parar esta barbarie antes de que el precio sea aún más alto. Porque con Sánchez y su ministerio verde, España no avanza: se hunde.


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