
Sánchez abandona a Europa y deja a España sola ante el bloqueo iraní en Ormuz
Interesada cobardía pacifista de Pedro Sánchez, del Gobierno del PSOE; en realidad, una condena a los españoles a pagar la factura energética más alta de la historia por pura equidistancia cobarde.
La decisión de España de mantenerse al margen de una declaración conjunta firmada por Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Países Bajos (junto a Japón) ha generado críticas por su aparente aislamiento en un momento clave de tensiones geopolíticas. El comunicado condena enérgicamente los ataques iraníes contra buques comerciales desarmados en el Golfo, infraestructuras civiles de petróleo y gas, y el cierre de facto del estrecho de Ormuz por fuerzas iraníes.
España brilla por su ausencia
Mientras estos países europeos exigen a Teherán el cese inmediato de las hostilidades y anuncian medidas coordinadas para proteger el suministro energético global, España brilla por su ausencia. Esta exclusión evidencia una creciente fractura en la posición europea ante la escalada en Oriente Medio, donde los ataques iraníes amenazan directamente la estabilidad económica y energética del continente.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por no sumarse a esta condena colectiva, manteniendo su postura tradicional de ‘No a la guerra’, un lema que repite en múltiples conflictos. Nuestro país del comunismo es ya más de flotillas de paz y marihuana a Gaza y Cuba.
Atención mediática
Esta línea, defendida con énfasis en los últimos meses ante las amenazas de represalias externas y la atención mediática desviada hacia otros escenarios bélicos, se percibe cada vez más como vacía y contradictoria en el contexto actual.
España ha reafirmado recientemente su apoyo a Ucrania con un compromiso de 1.000 millones de euros en ayuda militar para 2026, sumando casi 3.800 millones desde 2022, e impulsando coproducción de misiles y sistemas de guiado. Sin embargo, en la crisis del Golfo y Ormuz, vital para el abastecimiento europeo de energía, el Ejecutivo prefiere el silencio o la abstención en iniciativas multilaterales fuertes, dejando a Madrid fuera de un frente común con sus principales socios de la UE y la OTAN.
Esta decisión mediocre y aislacionista contrasta con la determinación mostrada por Londres, París, Berlín, Roma y La Haya, que anticipan acciones concretas para salvaguardar rutas marítimas críticas. La ausencia española no solo debilita la imagen de unidad europea, sino que expone al país a riesgos económicos directos: cualquier interrupción prolongada en Ormuz dispararía los precios de la energía y afectaría gravemente a la economía española, dependiente de importaciones.
En un escenario de múltiples frentes abiertos, la retórica pacifista de Sánchez y ZP del ‘No a la guerra’ suena hueca cuando no se traduce en una posición coherente y alineada con aliados estratégicos. España se queda sola en su equidistancia, mientras otros avanzan hacia respuestas firmes y coordinadas.


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