De la 'Factoría del Amor' al festival de la empatía: la refundación moral del Sanchismo a lomos de 116 tragedias

Tras días de besos, arrumacos y la prosa tabernaria de Óscar Puente en X, la izquierda mediática descubre que el exministro es un santo laico por dimitir 
 
España05 de noviembre de 2026 Javier Salinas

Hubo un tiempo —hace apenas un suspiro, antes de que la realidad aplastara la propaganda en las vías de Adamuz y Urda— en el que el PSOE no era un partido político, sino una ONG del afecto.

Una bacanal de besos en la boca, abrazos de oso en los congresos, bailes desinhibidos en los mítines y una querencia casi mística por recordarnos a los mortales lo mucho que se amaban entre ellos y lo mucho que amaban a la humanidad. Pero la vida rueda rápido y, tras dejar un macabro balance de 116 fallecidos sobre los raíles de la alta velocidad, la maquinaria sanchista ha decidido renovar su vestuario ideológico: ya no son el partido del amor, ahora son el templo supremo de la empatía y la dignidad.

El gran héroe de esta metamorfosis no es otro que Óscar Puente. Sí, el mismo al que la opinión pública conocía cariñosamente como el "ministro tuitero" o el "matón digital" por su elegante costumbre de madrugar para insultar a periodistas, bloquear a ciudadanos y repartir estopa en X con la finura de un ariete de tercera división. Pues bien, resulta que el exministro de Transportes no era un macarra de red social, sino un alma sensible atrapada en el cuerpo de un gobernante.

Tras una semana en la que la red ferroviaria se caía a pedazos y las víctimas se contaban por decenas, la 'sincronizada' mediática de tertulianos y portavoces del régimen ha salido a explicarnos la verdad: Puente ha dimitido con una "dignidad" que ya quisieran los libros de historia. Porque, como repiten en coro orquestado desde las mañanas de la televisión pública hasta los confidenciales afines, «no todos los políticos somos iguales». Faltaría más. Unos dimiten cuando la montaña de cadáveres resulta insostenible de barrer bajo la alfombra y otros, claramente, carecen de esa elevación moral.

Ahora, los mismos que celebraban sus exabruptos digitales como genialidades de la comunicación moderna lo despiden entre lágrimas y loas, elevándolo a la categoría de mártir de la responsabilidad. Da igual que la red que heredó y gestionó haya quedado hecha un erial o que los peritos sigan encontrando deformaciones en las vías. Lo importante es el gesto, la lección de ética, el abrazo colectivo. El Sanchismo ha vuelto a triunfar: ha conseguido convertir 116 muertes sobre las espaldas de su gestión en un publirreportaje sobre la superioridad moral del socialismo.

 

 

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